Dos orejas cortó Guerrita Chico en la corrida de 50 años de Feria de Cali
El colombiano "Guerrita Chico", que cortó dos orejas, se convirtió hoy en el gran triunfador de la tarde en la corrida de la plaza Cañaveralejo, con la que se celebraron los 50 años de la Feria de Cali.
Los compañeros de lidia fueron los también colombianos Cristóbal Pardo y Andrés de los Ríos, quienes lidiaron un encierro de procedencia Santacoloma, de buena presencia e irregular comportamiento.
Hubo altibajos en el desempeño con los montados. El sexto fue devuelto a los corrales por inválido. Salió en su lugar el sobrero.
Gratísima impresión causó "Guerrita Chico" por su desempeño, pletórico de conocimiento, de sitio, de talento, de allí que le diera la lidia adecuada a sus dos oponentes.
En el primero de la tarde, un buen toro bravo y noble, al que recibió a porta gayola, continuó con templadas verónicas. El toro fue bien al caballo, dando la oportunidad a un tercio de quites de mucha importancia.
Con la muleta ejecutó un trasteo con temple y quietud sobre ambas manos, en medio del reconocimiento unánime del público. De una estocada entera dio cuenta del animal. Fue premiado con una oreja y palmas al toro en el arrastre.
El cuarto de la tarde, segundo de "Guerrita Chico", el toro obligó al matador a emplearse a fondo teniendo en cuenta a poca bravura del animal, pero con voluntad férrea compuso una faena de indiscutible mérito.
Culminó con una estocada entera y cuando el toro demoraba en doblar, sonó un aviso, no obstante, le fue concedida una segunda oreja al colombiano.
Segunda espada fue Cristóbal Pardo. Anduvo voluntarioso, destacando su actuación con las banderillas. Intentó el toreo al natural sin mucho éxito y con tres cuartos de espada finiquitó al toro y escuchó una ligera ovación.
Estuvo muy importante en el quinto, que fue un buen toro. Bien con el capote y cumplió con el caballo. El matador brilló en el tercio de banderillas, especialmente en un par al violín. Antes había ejecutado un garboso quite por navarras.
Trasteo interesante sobre ambas manos. Lastimosamente pinchó en siete oportunidades. Sonó un aviso y fue sin embargo, llamado altercio a responder la ovación.
No tuvo suerte Andrés de los Ríos, quien solo destellos ofreció
en sus dos ejemplares. Intentó buscar algún lucimiento, pero todo quedó en silencio en su primero y silencio en el que cerró el festejo.
La plaza registró dos tercios de entrada en tarde clara.




