A hombros Enrique Ponce y Luis Bolívar en la tercera corrida
El diestro colombiano Luis Bolívar y el español Enrique Ponce salieron hoy a hombros en la tercera corrida de la Feria de Manizales, centro oeste del país.
Lo más importante de la corrida, con toros de Las Ventas del Espíritu Santo, justos de peso y buen comportamiento frente a los montados, fue la faena ejecutada por Bolívar, en su primero, tercero de la tarde.
Bolívar estuvo toreando con serenidad, quietud y un temple maravilloso. Aseado con el percal y quieto manejando la muleta. Fue una faena propia de una figura del torero.
Después de deleitar al público, que colmó la plaza de Manizales en una tarde nublada, sepultó el acero en todo lo alto. La concurrencia, de pie, pañuelo en mano, pidió las dos orejas para el joven matador, lo que le valió la salida a hombros en compañía de Ponce.
El torero colombiano César Rincón estuvo inmenso en la lidia del primero, ejecutando una faena de poder y de cerebro. Prodigiosa como solo él sabe ejecutarlas. Brilló con el capote, deslumbró con la muleta, en una labor que mantuvo también a los asistentes de pies.
Lastimosamente pinchó y dejó luego una casi entera. El toro demoró en doblar, sonó un aviso y al final escuchó una nutrida ovación.
Su segundo toro no fue bueno. Porfió lo suyo Rincón, y solo destellos de su arte llevaron alegría a los tendidos. Una estocada casi entera y un golpe de descabello dio muerte al ejemplar. Ovacionado y obligado a ir a los medios a escuchar el tributo.
Ponce, con su habitual sabiduría y arte, lidió al magnífico segundo toro de la tarde desde que se abrió de capa toreando elegantemente para luego practicar una faena pletórica de la más fina esencia, especialmente una serie de naturales bellamente rematados. Todo esto contando con la nobleza del astado.
Fueron largas las series de pases. Colocó una estocada completa arriba que hizo rodar al bicho sin puntilla. A los despojos del toro le dieron la vuelta al redondel. Dos orejas premiaron la labor del torero.
El segundo, menos bueno que el anterior, obligó a Ponce a emplearse a fondo, y no le fue difícil componer un trasteo de poder y de sapiencia. La muleta manejada con maestría le dio la lidia adecuada al astado.




